El tiempo como espectáculo

Por Jorge López Anaya
La Nación, 12/8/2001

Valiéndose de recursos actualizados de la tecnología del video y de la informática, Silvia Rivas presenta, en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, un notable conjunto de videoinstalaciones realizado en los dos últimos años. Es una propuesta que pudo figurar, a la par de las producciones videográficas internacionales, en la reciente Bienal Internacional de Venecia.

En un ambiente oscuro, múltiples pantallas gigantes, y algunos monitores, muestran imágenes luminosas en las que se perciben los movimientos de las aguas del mar, la caída tumultuosa de las cataratas y el repetido ritmo de las lluvias. Todo está acompañado por los sonidos producidos por el fluido al caer a borbotones, gotear o correr lentamente. Notas sobre el tiempo. El tiempo como escenario es el título general de esa serie de trabajos en el que la artista explora sus percepciones subjetivas del tiempo, o lo que se dice de él, seguramente para hacer visible lo insondable.

La exhibición está integrada por cinco videoinstalaciones y un video, con un total de doce proyectores. Cuatro monitores completan el conjunto. Los registros de video fueron tomados por la artista, quien los manipuló digitalmente, editándolos en DVD (Digital Video Disk) para sincronizarlos por computadora.

Esos recursos técnicos permitieron crear un ámbito en el que las proyecciones interactúan entre sí, según un tiempo preciso, creando un espectáculo con secuencias y ritmos. El sonido, grabado directamente en los lugares de registro de las imágenes, acompaña cada video, fundiéndose en un estruendoso murmullo en el que predominan los golpeteos del agua.

El Tiempo
Desde principios de los noventa, Silvia Rivas (Buenos Aires, 1957) utilizó la imagen del agua en sus trabajos. Comenzó registrando fotográficamente imágenes del mar, de la arena mojada, de la sal y de las babas de algunos animales, para simbolizar la vida y la muerte. Como en algunas tradiciones antiguas asignó al agua el poder de ser el principio y el fin de todas las cosas.

En 1993, en Santiago de Compostela, expuso las primeras versiones de esa mitología personal y subjetiva. En 1998, en la muestra individual que presentó en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, exhibió obras con similar simbolismo.

En los últimos años, el video, con su sintaxis narrativa visual, permitió a Rivas explorar el potencial metafórico del agua, ahora asociado con el tiempo. Gracias a la ralentización, el aceleramiento, la inversión de las imágenes, la fragmentación de las secuencias, la modificación de los puntos de vista respecto de la verdad, construyó un espectáculo envolvente que tiende a crear nuevas relaciones entre la obra y el contemplador.

El espectador que ingresa en la sala oscura se encuentra rodeado por grandes proyecciones en las que el agua es el agente principal. Nada se percibe simultáneamente, es necesario explorar todo el espacio, buscando las proyecciones, deteniéndose para contemplarlas (la «exploración» es una característica fundamental de la videoinstalación).

Apenas transpuesto el acceso a la sala, una gran pantalla muestra el registro videográfico del agua que fluye constantemente, con el mismo ritmo. Repentinamente, sobre el piso aparece otra imagen del agua que brota a borbotones con gran estruendo. Pronto desaparece y sólo queda el remanso tranquilo sobre el muro. El líquido es rojo, como la sangre o el fuego.

Las imágenes, que distan de ser realistas, muestran imposibles superposiciones de capas de agua. El mar se ve como una pared vertical. Una catarata roja cae violentamente y luego sube a igual velocidad, como si el tiempo fuera recuperable. En un viaje en avión, filmado a través de la ventanilla de la nave, las nubes se ven sobre un paisaje imposible. Ficción y realidad se suman constantemente alterando el esquema racional y perspectivo de la percepción.

La obra de Rivas se inscribe en el desarrollo último del videoarte, menos atento a lo social y más inclinado hacia una creación libre e imaginativa. Su despliegue tecnológico y el énfasis puesto en el espectáculo son inéditos en nuestro medio. Nunca se había visto una presentación individual de dimensiones semejantes. La muestra fue posible por la beca John Simon Guggenheim Memorial Foundation, que la artista obtuvo para desarrollar la videoinstalación.

Videoarte
El videoarte, que tiene más de treinta años de historia, nació cuando Sony lanzó al mercado las primeras cámaras de video portátil. El registro de imágenes y sonidos en cinta magnética dejó de ser exclusivo de la industria televisiva para convertirse en un instrumento de uso común, como la cámara fotográfica.

En el mundo del arte se expandió notablemente en la década del ochenta, proceso en el que tuvieron particular importancia los videos feministas. El reconocimiento y legitimación del nuevo medio se concretaron, en la década ulterior, con la creciente presencia internacional en galerías, museos y ferias de arte.

La Dokumenta de Kassel, en 1992, reunió un número de videoinstalaciones y videos equiparables a las pinturas o esculturas que se exhibían. Gary Hill, Tony Oursler y Bill Viola expusieron sus trabajos videográficos en el pabellón principal. El premio de la Bienal de Venecia de 1995, otorgado a Hill, es un testimonio elocuente del lugar alcanzado por el videoarte desde la pasada década. Los principales museos de arte moderno crearon departamentos especializados en video y cine. El más importante es el del Whitney Museum (Nueva York).

En la Argentina, los primeros ensayos relacionados con los que Frank Popper denominó «los medios de era electrónica», se realizaron en el contexto del Instituto Di Tella hacia fines de los años sesenta. La atención, en esa época, estaba puesta en el cuestionamiento a la televisión y en el comportamiento del telespectador ante la pantalla de TV.

En la década siguiente, el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) propició varias experiencias videográficas. Durante largo tiempo no se registraron nuevos ensayos, hasta que en los años noventa el videoarte y la videoinstalación atrajeron a una nueva generación que tuvo a su disposición nuevos sistemas tecnológicos. La intención principal de los artistas ya no es experimentar la posibilidad de los nuevos medios, sino resolver planteos conceptuales diferentes. Esta es la vía que transita Silvia Rivas con su propuesta.

The Time as Spectacle

By Jorge López Anaya
La Nación, 12/8/2001

Using the updated resources of video and informatics technology, Silvia Rivas presents a remarkable set of installations, performed during the last two years, at the Cronopios lounge, of the Centro Cultural Recoleta. This is a proposal that could have been exhibited, together with international videographic productions, at the recent International Biennale in Venice.

In a dark room, multiple giant screens, and some monitors, show luminous images in which the movements of the waters of the sea may be perceived, the tumultuous fall of the waterfalls and the repeated rhythm of the rains. Everything is accompanied by the sounds produced by the fall of the bubbling fluid, by the drops or by the slow flow. Notes on time. The time as scenery, is the general title of this set of works in which the artist explores her subjective perceptions of time, or of what is said about it, surely to make the incomprehensible visible.

The exhibition is integrated by five videoinstallations and a video, with a total of twelve projectors. Four monitors complete the set. The video registrations have been taken by the artist, who manipulated them digitally, editing them in DVD (Digital Video Disk) in order to synchronize them by computer. These technical resources allowed for the creation of an environment in which the projections interact among themselves, following a precise timing, creating a spectacle with sequences and rhythms. The sound, directly recorded at the places where the images have been registered, accompanies each video, melting into a noisy murmur in which the pounding of the water predominates.

Time
As from the beginning of the nineties Silvia Rivas (Buenos Aires, 1957) has used the image of water in her works. She began with photographic registrations of images of the sea, of the wet sand, of the salt and of the slime of some animals, to symbolize life and death. As in some ancient traditions, she assigned to the water the power of being the beginning and the end of everything.

In 1993, in Santiago de Compostela, she exhibited the first versions of this personal and subjective mythology. In 1998, in her one man exhibition at the National Museum of Fine Arts in Buenos Aires, she has shown works with similar symbolism.

In the last years, the video, with its visual narrative syntax, allowed Rivas to explore the metaphoric potential of the water, now associated with time. Thanks to the slowdown, the acceleration, the inversion of images, the fragmentation of sequences, the modification of points of view with respect to truth, she has created a surrounding spectacle that tends to create new relationships between the work and the viewer.

The spectator that enters the dark room is surrounded by large projections in which the water is the main agent. Nothing is perceived simultaneously, it is necessary to explore the complete space, in search for the projections, stopping to contemplate them (the “exploration” is a fundamental characteristic of the video-installation).

As soon as you have passed the access to the room, a great screen shows the videographic registration of the water that flows constantly, with the same rhythm. Suddenly, the image of the water that bubbles noisily appears on the floor. Soon it disappears and only the quiet pause is left on the wall. The liquid is red, like blood or fire.

The images that are far from realistic, show impossible superpositions of layers of water. The sea is seen like a vertical wall. The red cataract falls violently and rises at the same speed, as if it would be possible to recover time. In the airplane trip, filmed through the window of the plane (a propeller is perceived), the clouds are seen over an impossible landscape. Fiction and reality are added constantly, altering the rational and perspective scheme of perception.

Rivas’ work is recorded in the latest development of video-art, paying less attention to the social aspect and more inclined towards free and imaginative creation. Her technological deployment and the emphasis placed in the spectacle are totally new in our environment. We had never seen an individual exhibition of these dimensions. The show has been made possible through the John Simon Guggenheim Memorial Foundation scholarship, that the artist had been awarded for the development of the video-installation.

Video-art
In Argentina, the first tests related to what Frank Popper named “ the media in electronic age”, have been performed in the context of the “Instituto Di Tella” towards the end of the sixties. The attention, at that time, was focused on the questioning of television and on the behavior of the viewer facing the TV screen. In the following decade, the “Centro de Arte y Comunicación (CAYC) – Center for Arts and Communication” sponsored several videographic experiences. During a long time no new tests have been registered, until in the nineties videoart and videoinstallation attracted a new generation that could use the availability of new technological systems. The main intention of the artists is not the experimentation of the possibility of new media, but the resolution of different conceptual ideas. This is the path covered by Silvia Rivas with her proposal.

© Silvia Rivas / 2015