Atrayente poesía en una muestra de arte actual

Por Elena Oliveras
Clarín, 9 de enero de 1999

La argentina Silvia Rivas utiliza papel, pinturas, hilos y metales para producir imágenes bellas y ambiguas

Nada más evidente y cotidiano que la experiencia de estar ubicados en un espacio y de vivir un tiempo. Pero si nada es más vivo que la experiencia del tiempo, nada resulta más difícil que su representación. ¿Qué es el tiempo?, preguntaba San Agustín. Si nadie me plantea esa cuestión, yo lo sé, pero si alguien me lo pregunta ya no lo sé, respondía.Representar el tiempo es detenerlo y, por lo tanto, desnaturalizarlo. ¿Dónde buscar entonces las imágenes que, aunque más no sea, nos aproximen a él?Uno de los lugares privilegiados, a lo largo de toda la historia, ha sido el arte. En la posibilidad que él posee de poner en imágenes nuestras vivencias informes, a veces confusas, estriba precisamente uno de sus mayores poderes. La muestra de Silvia Rivas (1957) en el Museo Nacional de Bellas Artes vuelve a mostrarnos esa rara posibilidad de las obras artísticas de dar imágenes de lo que por sí no las tiene. Sus recursos son, en última instancia, simbólicos, metafóricos.Rivas habla del tiempo y, al hacerlo, toma en préstamo la visión del mar. Da cabida así a dos términos opuestos: la vida y la muerte. Porque si el mar es fuente de vida, no es menos cierto que su presencia atemorizante remite también al acecho de la muerte.Partiendo de la fotografía, Rivas juega metafóricamente con las múltiples cosas del mar. Lo confunde con la arena o con las babas de un animal, ligándolo, respectivamente, al viento y al cuerpo.Mundo sin límitesAl protagonismo del mar se suma, en su obra más reciente, el del capullo de seda (representado o a veces directamente presentado). Es como un útero materno o como un huevo del que nace la vida. Pero ese blanco y suave contenedor podría representar, también, otro momento de un proceso evolutivo, una mortaja.Los hilos de seda que, tensados, intentan demarcar zonas de tierra y de mar en estas obras, traen asimismo a un primer plano de la percepción la cuestión cada vez más incierta del límite entre las cosas.De ninguna manera los trabajos de Rivas podrían ser considerados feministas. Sin embargo, ella parte de un sentimiento de lo fluido asociado a lo femenino, diferente de lo sólido, tradicionalmente conectado a lo masculino. De esta manera, remite una vez y otra al cuerpo, nombrándolo a través de sus elementos líquidos: saliva, babas, flujos.En la cuidada y extensa selección de obras expuestas, se han incluido objetos translúcidos y trabajos de técnica mixta sobre papel, tela, hierro y acero. Son todos ejemplos de las posibilidades enriquecedoras que la fotografía tuvo en la producción reciente de esta singular artista.Impresa sobre soportes emulsionados, la fotografía ha sido sometida a veladuras y opacamientos. De apariencia generalmente pictórica, sirve a la connotación de ambigüedad que sella toda la obra de Rivas, como así también a su poeticidad.

© Silvia Rivas / 2015