Silvia Rivas: cruce de lenguajes en Recoleta

Por Alberto Giudici, 2001

La reciente muestra de Silvia Rivas realizada en el Centro Cultural Recoleta ha sido señalada como un hito en el país en materia de video instalaciones, tanto por la sofisticación tecnológica como por la intensa calidad poética que emana de sus Notas sobre el tiempo. Pero, además, Rivas ha trazado un apasionante punto de cruce entre la cinematografía y las artes visuales, estas últimas con sus bordes cada vez más difusos, más eclécticos  y, por lo mismo, más totalizadores.

Aun cuando la instalación de la artista expresa una tendencia creciente en la plástica mundial, es la primera vez –al menos en nuestro medio- que el espectador se encontró frente a una polifonía sensorial que lo envolvía mágicamente. Las pantallas múltiples de distintos tamaños y a distintas alturas, la banda sonora omnipresente, el movimiento incesante y simultáneo del agua, del fuego, de pasos humanos, el golpe de las olas, el tableteo de la lluvia, el color y el blanco y negro actuando en una unidad de situaciones: todo tiene que ver con un sueño que arranca con los padres fundadores de la cinematografía, cuando vieron en ese juguete mecánico el instrumento para alcanzar una síntesis de todas las artes, y por lo tanto de los sentidos.

Lo intentó Abel Gance, en los años veinte, empleando tres pantallas simultáneas para la proyección de su monumental Napoleón y figura obsesivamente en las aspiraciones teóricas –aunque inconcretadas en muchos casos– de Serguei Eisenstein y sus ideas del montaje como construcción polifónica. La descripción que este último hace de las imágenes de La Tierra de Dovchenko, una joya del cine mudo, podría perfectamente trasladarse al arrollador impulso panteísta que anida en la obra de Rivas, y que solo aparece de tanto en tanto en las llamadas cinematografías periféricas (Irán, Turquía).

Atenazado por la industria y convertido en un virtuoso medio de relatar excelentes historias, hace rato que el cine resignó el afán de repensar su lenguaje. El eje de esa aspiración, claramente se desplazó a las artes plásticas.

© Silvia Rivas / 2015