Todos los tiempos a un tiempo

Por Fabián Lebenglik
Página/12, 1/8/2001

Por el proyecto de la muestra que ahora está abierta al público la artista acaba de ganar la prestigiosa Beca Guggenheim.

Mientras que la Argentina está siendo “disciplinada” y sometida al tiempo único, continuo, espasmódico y vertiginoso de las cotizaciones on line, desde el campo de las artes visuales se demuestra que hay otros modos de pensar la temporalidad y de especular sobre el tiempo. Contra el tiempo uniforme y especulativo del mercado, Silvia Rivas (Buenos Aires, 1957) reflexiona sobre varias clases de temporalidades en su excelente exposición “Notas sobre el tiempo”, que en estos días se presenta en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Con este proyecto de video instalación en el que viene trabajando hace dos años, Silvia Rivas ganó la prestigiosa Beca de la Fundación Guggenheim. El otro argentino que la obtuvo en artes visuales en esta edición es Jorge Macchi, de quien también se puede ver obra en una sala contigua del mismo Centro, donde se muestra el envío argentino a la última Bienal de La Habana.

Lo primero que atrapa al visitante de la muestra es la potencia de las imágenes, las distintas clases de sincronía con los sonidos, el despliegue técnico y la gran originalidad con que la artista trabajó el total del volumen de la enorme Sala Cronopios. La muestra transformó completamente la distribución del espacio, tanto por el aprovechamiento, bien diferente a lo usual, como por los distintos niveles, sectores y superficies en los que se proyectan los videos digitales.

De entrada, por la precisión del montaje, la gran escala de las proyecciones y la mezcla visual y sonora, la muestra se gana al espectador. Y en este sentido, la puesta en sala de un proyecto tan complejo no tiene nada que envidiar a los envíos internacionales que se presentan en los distintos pabellones y secciones de la actual Bienal de Venecia.

“Notas sobre el tiempo” consiste en una serie de proyecciones sobre las paredes, el piso y techo de la sala, así como en varios monitores, que en conjunto van estableciendo secuencias y recorridos, dentro de ese espacio único y a la vez múltiple y fragmentado que el espectador va descubriendo.

La segunda impresión es que todo se trata de un gigantesco mecanismo, hecho de notables sincronías y sutiles desfasajes. A esta precaria conclusión se llega al situarse en un punto, hacia la mitad de la sala, detrás de un inmenso panel/pantalla, que se transforma en el punto neurálgico de la muestra. Allí se advierte que la muestra fue, en parte, pensada como un panóptico, esa clase de construcciones (como las antiguas escuelas, cárceles y cuarteles) cuyo interior se podía ver completo desde un único punto. Pero la visibilidad y su opuesto, también son tema de exposición.

La tercera impresión se relaciona con el contenido rítmico de lo que se ve y lo que se oye: es el costado musical, sinfónico e incidental del tiempo. A medida que el espectador avanza y recorre la muestra, se va encontrando con distintas situaciones visuales y sonoras, más específicas, de modo que hay un ritmo general de toda la muestra y distintos ritmos secundarios.

“Notas sobre el tiempo” es un mecanismo de relojería digital en el que la materia de los relatos visuales (y de los breves relatos ploteados en la pared que acompañan la muestra en un registro al mismo tiempo poético y descriptivo) no es otra que la naturaleza múltiple del tiempo.

La artista, a través de seis capítulos, exhibe bellamente –con una visión compositiva y pictórica– distintas clases de temporalidad y demuestra que el uso reflexivo de la tecnología permite pensar el tiempo de manera bien diferente al tiempo veloz en el que actúan, por ejemplo, los mercados que hoy mandan. En este sentido, la video instalación de Rivas supone que la velocidad de la acción es de una evidente pobreza conceptual en relación con la lentitud reflexiva. Así vista, la velocidad impone su lógica fugazpara impedir que el otro piense: el vértigo es el primer aliado contra el proceso complejo del conocimiento.

En los distintos capítulos de la muestra se repiten elementos utilizados de modo diverso: el agua .como lluvia, marea o charco. el fuego, la inversión de la lógica (agua que sube, fuego que baja), el movimiento de las piernas y los pies (por escaleras, caminando, en actitud de espera), ciertas formas circulares que obturan o iluminan la pantalla, según el caso, etc. Las diferentes imágenes se constituyen en secuencias temporales que se repiten al infinito y que muestran la riqueza inagotable de los reflejos iridiscentes de la luz sobre el agua, del agua sobre el paisaje, de las llamas sobre el cielo, del mar sobre la arena.

Cada capítulo propone una serie de ideas para pensar el tiempo como sucesión, simultaneidad, duración, densidad, presencia, transcurso, memoria, urgencia, extinción, fluidez, cambio, catástrofe, sueño, muerte, dispersión y así siguiendo.

Rivas registra y logra hacer percibir a los otros las huellas que alternativamente deja y borra el paso del tiempo y por allí se introduce también en el tiempo cronológico, el tiempo subjetivo, el tiempo biológico… y en la suma de tiempos que se viven, se pierden, se perciben, se aprovechan o se escapan en el curso fugaz de la existencia. (Junín 1930, hasta el 20 de agosto).

© Silvia Rivas / 2015