Todo lo de Afuera

Por Silvia Rivas, 2004

Todo lo de afuera es el interrogante, objeto impreciso, deseo difuso.

Las imágenes retratan una sensación, que, como tal, no es posible describir…
Pero, la certeza de la existencia de un entorno que no es accesible, la tenaz
insistencia por vencer el impedimento y la figura de ese impedimento circulan como movimientos de una misma pieza.

El cuerpo es el límite y este límite es lo único cierto.
Son momentos vacíos, no hay acontecimiento alguno, es todo circunstancia.
Como en las horas de insomnio no hay mojón que dibuje un trayecto.

Así las cosas…alguien se canta a sí mismo para sostenerse, para que el eco fije los límites de todo lo que está adentro.

Los primeros movimientos de esta pieza hablan de la imposibilidad, hay una identidad tapada, no puede ver, no puede ser vista. El sonido pone el acento justamente en aquello que no está: lo de afuera; la imagen lo pone en el esfuerzo de la voluntad.

Dentro de un ojo cerrado se ve otro ojo cerrado que intenta abrirse sin lograrlo. A pesar de la insistencia en el intento, todo lo de afuera, irremediablemente, queda afuera. Adentro está el deseo, el llanto, el crepitar de la ansiedad y una canción de consuelo.

A veces no hay consciencia la mirada está cegada en blanco, no hay consciencia… entonces no hay contradicción. El abismo se abre infinito negro y eterno… hacia adentro.

A veces la condena es jugar el juego indefinidamente. El contacto de un cuerpo con el otro es el único referente, no hay entorno confiable, el equilibrio es precario, la superficie de sustento abandona, el otro suelta. La fuerza de gravedad se esconde en algún lado y el ancla es el conflicto.

A veces, el único fin de los gestos es llenar espacios muertos, son arabescos que fluyen en esos momentos suspendidos, cuando el presente se niega a desembocar en resultado alguno.

© Silvia Rivas / 2015